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ADENOW en la Cordillera Real (Cordillera de los Andes - Bolivia). Primera parte

Chema, Benito y Josepa, julio 2019


Día 2 - Cerro Chacaltaya (5421msnm)

En nuestro segundo día por tierras bolivianas ya habíamos comenzado nuestra necesaria aclimatación a la altura, a la amplitud térmica entre el día y la noche y a ese aire seco y carente de vida que te curte la piel. Esta aclimatación se daba sola, con el simple deambular y (sobre)vivir un par de días por La Paz y El Alto, ciudades que se ubican entre los 3200 y 3900 metros la primera y por encima de 4000 la segunda.

Foto 1: La Paz. Al fondo y en el centro emerge el macizo Chacaltaya y a la izquerda el Nevado Huayna Potosí

La ciudad capitalina se ubica en un inmenso hoyo que interrumpe la perpetua continuidad del altiplano andino a la nada desdeñable altitud de 4000 metros de media. Esta aclimatación la continuamos con una primera aproximación al cerro Chacaltaya, de 5421 m. Esta montaña poseyó durante muchos años la única estación de esquí de Bolivia y sus restos son testigo siniestro de las consecuencias que el calentamiento global están visibilizando en estas zonas de la cordillera andina. La nieve, que no hace tantos años cubría desde su cima hasta bien entrados los valles, ha desaparecido casi por completo y ha dejado desnuda e indignamente cubierta de hierros y restos de antiguos resorts a este cincomil cercano a la incontrolada megaurbe que hoy es La Paz-El Alto. 

Foto 2: Cerro Chacaltaya desde la carretera de acceso a la antigua estación de esquí

De hecho, se considera al glaciar Chacaltaya como el primer glaciar extinto en esta zona tropical de los Andes. Su defunción tiene fecha bien definida: 2010. En este año desaparecieron sus últimas nieves perpetuas. Al cerro Chacaltaya se asciende en combi (furgoneta o movilidad, como acostumbran a llamar a estos vehículos por aquellos lares) hasta tres cuartos de su loma. Uno, pobre europeíto acomodado, no entiende cómo el conductor es capaz de manejar una furgoneta japonesa de marca impronunciable, recorriendo aquellos caminos serpenteantes sin apenas despeinarse. 

A esto, enredado yo en mis pensamientos, en lo anodina y carente de épica que estaba siendo mi primera ascensión a un pico de cincomil metros, cuando la furgoneta se detuvo y el guía nos dijo que a partir de aquel punto se debía caminar. 
 Foto 3: Subida a la cumbre del Chacaltaya. Nótese la poca disposición montañera de los compañeros
Calculo que, como mucho, subiríamos los últimos 200 o 300 metros de desnivel, pasando por los ya mencionados restos de la antigua estación y del club andino Chacaltaya. Tras solo 2 días en Bolivia, hubo que ganarse cada uno de los metros que tuvimos hasta la cumbre, con constantes paradas para recuperar el resuello. Aunque prosaica, fue la primera vez que dos de los compañeros de expedición subíamos por encima de los 5000 (Josepa y yo) y fue, de alguna manera, especial. Por ello Benito nos bendijo con sus artes místicas como pequeños Padawans de montaña. Sin duda alguna, merecía la pena solamente por las vistas del Nevado Illimani (6438 m), al otro lado de la ciudad de La Paz y de nuestro futuro objetivo: el Nevado Huayna Potosí (6088 m), tan cerca y aún tan lejos.

Día 4 - Macizo del Condoriri

Tras ultimar todos los pormenores económicos, de material y de rutas con Juan, el que sería nuestro guía durante las próximas semanas montañeras en la Cordillera Real de Bolivia, tomamos nuestras últimas cervezas, comimos nuestras últimas comidas de restaurante y empaquetamos todo el material que íbamos a necesitar durante los siguientes tres días en el Macizo del Condoriri, donde aclimataríamos en el pico Austria, cercano al refugio Chiar Khota y subiríamos a continuación el pico Tarija y nuestro premio gordo: el Pequeño Alpamayo, de 5370 metros. No dejaba de ser éste el paquete clásico que se ofrecía en las numerosas agencias de guías que atestaban la populosa y céntrica calle Sagárnaga de la capital. 
Foto 4:Pequeño Alpamayo

El primer día, una combi nos aproximó hasta La Rinconada, una suerte de cortijada de pastores que se encuentra al final de un estrecho valle flanqueado por páramos andinos cubiertos de una hierba que se ha ganado justamente el sobrenombre de paja brava. Por dicho valle serpentea un pequeño arroyo junto al cual pacen desde tiempo inmemorial  llamas y alpacas, tranquilas e impertérritas, mirándonos fijamente y mascullando, como ancianos que escrutan una obra en mitad de la gran vía. Allí, habrían de venir los arrieros lugareños para empaquetar nuestras pesadas mochilas sobre los lomos de un puñado de mulas. Poco acostumbrados a estas condescendencias, no podíamos sino sentirnos como expedicionarios británicos siendo porteados por las junglas de la India por un ejército de nativos. Fue un paseo agradable en el que se ganaba no demasiada altitud pero se penetraba bien adentro en el impresionante macizo del Condoriri. Nuestro camino moría junto a la laguna Chiar Khota, a 4529 metros y al pie del terrible nevado Condoriri, en el que se diferencian sus alas izquierda y derecha y su majestuosa Cabeza de Cóndor. Allí pasaríamos la tarde, paseando junto al refugio y subiendo a algún pequeño cerro de los alrededores para seguir trabajando en nuestra aclimatación (o aclimatización, como decía nuestro desdentado amigo Juan, en su español a veces bien, a veces regulero).
 

Foto 5: Aproximación desde La Rinconada al campo base del Condoriri

Foto 6: Refugio Chiar Khota (4480 msnm)

Foto 7: Laguna Chiar Khota con el Nevado Condoriri

Día 5. Pico Austria (5320 msnm)

El día siguiente ya se puede decir que se acercó más a un día de montaña tal cual los conocíamos (y esperábamos) y consistió en subir al pico Austria, de 5320 metros, por su ruta normal, bordeando los neveros y ascendiendo por su cara noreste. Se trató de una subida cómoda, con un desnivel positivo de unos 900 metros desde el refugio. Lo más reseñable, junto a la comprobación de que nuestra aclimatación seguía produciéndose a buen ritmo y sin sobresaltos, fue el poder disfrutar de unas vistas maravillosas de la Cabeza de Cóndor y de gran parte de la Cordillera Real, que se extendía hacia el noroeste y hacia el sureste. En términos de dificultad y para poder compararlo con algún pico conocido por todos de nuestra geografía, la subida al Austria sería el equivalente a subir el Mulhacén en verano por la cañada de siete lagunas, eso sí, a dosmil metros más de altitud, por lo que se mostraba estrictamente necesaria la aclimatación progresiva que tan bien estábamos realizando. 
 Foto 8: Collado este en la subida al Pico Austria

Foto 9: Cumbre del Nevado Condoriri (5648 m) en el que se observa una cordada trasnsitando su cresta somital
 Foto 10: Cumbre Pico Austria (5320 msnm)
 Foto 11: Laguna Chiar Khota con el Pico Austria al fondo

Día 6. Nevado Pequeño Alpamayo (5370 msnm)

El día comenzó temprano, a las 2.30 am sonaba el despertador en nuestro refugio y las dos cordadas que lo compartíamos nos pusimos en pie. Por un lado, un guía, primo del nuestro (cosa habitual el parentesco entre los guías locales) y una pareja joven de alemanes que a pesar de la apariencia frágil de ella, debían estar muy fuertes pues nos estuvieron contando parte de su currículum y de sus intenciones en Bolivia para aquellos días, y cierto que para llevar a cabo todo aquel planning era absolutamente necesario que así fuera; por otro, el compañero Benito, el compañero (y primo) Josepa, y el que escribe. A las 4 de la mañana ya estábamos pertrechados y preparados para salir dirección al glaciar de Tarija. La aproximación al glaciar nos tomó 45 min, y una vez en su base procedimos a calzarnos los crampones y a encordarnos apropiadamente. No era éste un glaciar demasiado grande ni dificultoso pero ya se sabe que a los glaciares hay que tenerles mucho respeto pues esconden numerosas grietas, trampas mortales que pueden abrirse sin previo aviso bajo los pies y engullirte en su oscuridad fantasmagóricamente azulosa para siempre. Por suerte nuestro guía conocía el camino como la palma de su mano e incluso en la absoluta oscuridad que nos envolvía aquella noche sin apenas luna, él era capaz de desenvolverse con soltura por aquel laberinto de hielo. Además, una generosa trocha arañada capa a capa por todos los montañeros que nos precedieron aquella temporada marcaba de forma más o menos clara la senda a seguir. La noche era calma y los nervios los sufría cada uno para sus adentros. Para mí, que era mi primera experiencia de esta categoría, se entremezclaban en mi cabeza muy variadas sensaciones: emoción, respeto, incertidumbre, miedo, concentración… a su vez estas sensaciones se mezclaban con el sonido continuo y firme del crujir de los crampones sobre el hielo glacial. Tras varias horas de caminata ondulante a través de aquel laberinto llegamos a la base de una pared de mayor inclinación que la que llevábamos practicando toda la noche. Debían de ser las 7 de la mañana, por lo que ya llevábamos unas 4 horas de marcha en aquel momento. En aquel lugar, Juan, nuestro guía, nos comentó que tendríamos que esperar unos treinta minutos para poder disfrutar la salida del sol en la cumbre del pico Tarija, de 5320 metros. No sé qué temperatura habría exactamente, pero bien sabemos que el alba es siempre el momento más frío del día, por lo que la espera fue, cuanto menos, graciosa. Aprovechamos para hidratarnos y comer alguna barrita o gel. Todo por la foto.
Foto 12: En la arista cimera del Pico Tarija (5320 msnm)
Foto 13: Vista del Pequeño Alpamayo desde la cima del Tarija al amanecer

El pico Tarija es básicamente el punto culminante del glaciar homónimo, que habíamos estado transitando durante las 4 horas anteriores. Su cima, aunque desprovista de cualquier tipo de fastuosidad, infringió en nosotros un sentimiento inmenso de felicidad y libertad. Las vistas del alba desde allí bien valían los sacrificios que habíamos estado llevando a cabo durante todo aquel año de entrenos y gastos. Pero aquello debía ser efímero, ese no era nuestro objetivo. Ahora podíamos verlo, por primera vez desde que llegamos al macizo podíamos ver la pirámide majestuosa que se alzaba frente a nosotros y por la que debíamos arrastrarnos en breves minutos para alcanzar su cima. Desde aquel punto se vislumbraba perfectamente la línea de subida por su arista suroeste que nos depositaría perfectamente en su blanca cumbre. Aquello sí era auténtica montaña andina. Para comenzar la subida al Pequeño Alpamayo debíamos alcanzar primero el collado que separaba éste del cerro Tarija y para ello debíamos descender una escombrera descompuesta con un desnivel negativo de unos cincuenta grados. Este era uno de los puntos a los que yo más respeto le tenía habida cuenta de mi poca habilidad descensiva, pero todo fue de maravilla y media hora más tarde ya nos encontrábamos todos en el collado de acceso a la pirámide somital de nuestro objetivo del día. 
Foto 14: Comenzando el descenso del Tarija, camino de su arista
Foto 15: Descendiendo la arista del Pico Tarija y dirigiéndonos al collado que lo une al Pequeño Alpamayo

Aquí ya empezaba lo serio de verdad, ascenderíamos el Pequeño Alpamayo por su ruta normal (D, 200 m, 50º). Las condiciones son perfectas, ni una nube en el cielo y casi sin viento. Las primeras palas de subida van ganando en inclinación de forma paulatina y poco a poco hay que ir tirando más y más de tracción de nuestros piolets. Llegado cierto momento es cuando descubrimos que hemos ganado varios puntos de seguridad haciendo caso omiso a nuestro guía y trayendo todo el material del que disponíamos para asegurar. (Juan, allá en La Paz, nos dijo que no haría falta traer nada de material, más allá del personal (arnés, casco, etc.), pero nosotros, que ya vamos sabiendo más por viejos que por pellejos echamos igualmente todas las cintas y los tornillos de hielo de los que disponíamos. ¡Y vaya si hicimos bien!). El hielo en esta parte de la ascensión era duro como un día de resaca trabajando en la oficina y las dos tristes estacas de hielo que trajo nuestro amigo entraban entre poco y muy poco. Nuestro material, junto al que trajeron nuestros compadres alemanes de la otra cordada marcó la diferencia y pasamos de haber sufrido una auténtica lotería en la subida (y aún más la bajada) a realizar todo este trayecto en unas condiciones muchísimo más seguras. Dos horas y pico más tarde desde nuestra salida del collado hicimos cumbre Benito, Josepa, Juan y yo. Allí nos esperaban el otro guía con sus dos clientes teutones. Creo que ha sido la cumbre más especial de mi humilde trayectoria alpinística y fue una gozada poder compartirla con amigos, especialmente con mi primo, con el que tantas veces habíamos soñado hacer algo así.
Foto 16: Ruta normal marcada en rojo (Fuente: https://www.santiagoquintero.com/)
Foto  17: Primeras rampas de ascensión a la pirámide del Pequeño Alpamayo. Buscando la arista
Foto 18: Asegurando el paso clave de la arista. Éste se mostraría como el lugar más delicado de la bajada debido al verglás acumulado en la pendiente de más de 60º
Foto  19: Cumbre del Pequeño Alpamayo (5370 m)
 Foto 20: Disfrutando la cumbre en familia
 
Tocaba la bajada. Ese fue el momento más tenso del día. Pasando por el punto de mayor pendiente y por donde nuestra vía normal se unía a la directísima que subía desde el plateau inferior y por donde hacía poco menos de un mes había ocurrido un fatal accidente, con el restultado del fallecimiento de un guía español, cuyo cliente sufrió graves heridas; entendimos perfectamente lo delicado del paso pues su exposición a los vientos del sur hacia que el hielo tuviera una consistencia donde era realmente difícil clavar crampones y piolet. Fuimos bajando de uno en uno por un terreno casi vertical ayudándonos de vez en cuando, buscando asideros y cazos en el espolón rocoso que teníamos a nuestra izquierda y que nos permitía colocar de tanto en tanto algún pie sobre material que no se desmoronara. Por suerte y gracias a nuestra previsión, pudimos hacer este destrepe asegurados de cuatro tornillos de hielo y no de una triste estaca mal clavada (estaca que, por cierto, fue en algún momento el marco de una ventana de aluminio). Una vez nos reunimos todos en el collado, pudimos respirar y continuar con nuestro camino de vuelta. Otra vez ascendiendo los 100 metros de arista rocosa del Tarija y volviendo a bajar por su glaciar que poco a poco nos habría de depositar en el refugio junto a la laguna. Aunque no fue la más alta montaña que subimos aquellos días en Bolivia, fue, sin duda, la que más nos encandiló, por salvaje y por exigencia física y mental. 
 Foto 21: Subiendo en el camino de vuelta por la arista del Tarija. Abajo, collado del Pequeño Alpamayo
Chema Picón, 2020

10 LIBROS DE MONTAÑA Y AVENTURA PARA LA CUARENTENA

23 de abril de 2020

Día Internacional del Libro


10 LIBROS DE MONTAÑA Y AVENTURA.


El medio natural nos regala siempre historias de retos, superaciones, aprendizajes, aventuras, sueños y vivencias.  Historias de superación y de vida protagonizadas por aventureros, muchas veces estas historias permanecen escondidas en libros, libros de montaña. Relatos que nos dan la oportunidad de leer y que, de alguna manera, nos permiten vivir e imaginar de cerca esas experiencias tan espectaculares.

La cantidad de libros de montaña es inmensa, por lo que se hace muy difícil elegir uno, por eso desde la Asociación Deportiva ADENOW de Caravaca de la Cruz, con motivo del Día Internacional del Libro y  para acercar esas increíbles historias a vuestras casas, hemos hecho una pequeña recopilación  de 10 libros de montaña para leer esta cuarentena.


¡Espero que os guste!
Un saludo
                                                                     Alejandro Medina.



1. SOBRE HUELLAS DE GIGANTES, de Chus Lago.

Sobre huellas de gigantes narra la travesía que realizó la alpinista Chus Lago a través de la Antártida, a pie y el solitario, hasta alcanzar el Polo Sur geográfico: 1.200 kilómetros en 59 días.



2. DADO POR MUERTO, de Beck Weathers, Stephen G. Michaud.

Cerca de la cima del Everest, una terrible tormenta dispersó a Beck Weathers y sus compañeros de expedición. Los rescatadores que acudieron a la zona vieron que Weathers se estaba muriendo y decidieron abandonarlo. Doce horas después ocurrió algo increíble: un muerto en vida llegaba al campo.



3. PUSH, de Tommy Caldwell.

Push es un impresionante relato sobre cómo afrontar desafíos, abrazar lo desconocido y dejarse arrastrar por una pasión poderosa y singular. La historia de Caldwell despierta nuestra innata atracción por la aventura y nos recuerda el extraordinario potencial que reside en cada uno de nosotros.



4. BAJO LOS CIELOS DE ASIA, de Iñaki Ochoa de Olza.

Gracias a su fortaleza, velocidad y carácter, Iñaki formaba parte del reducido grupo que compone la élite del himalayismo mundial. En 2008, un derrame cerebral le inmovilizó a 7400 metros en el Annapurna, durante cinco días, algunos de los mejores montañeros del mundo realizaron épicos esfuerzos para llegar hasta dónde se encontraba, pero el rescate fue imposible.



5. LIBROS DE CIMA, de Òscar Masó Garcia.

Libros de cima repasa la historia más reciente de las montañas a partir el estudio de sus vestigios y sus libros de registro de cima.



6. MONTAÑAS DE UNA VIDA, de Walter Bonatti.

El libro presenta al lector toda la edad de oro del alpinismo clásico que fueron los años 50 y 60, mientras conocemos en detalle las más importantes hazañas del autor: la primera ascensión a la pared este del Gran Capucin, la dramática expedición italiana al K2 considerada la cumbre más difícil del Himalaya, el Pilar del Dru, la tragedia del Pilar Central del Freney, el Gasherbrum IV, la solitaria invernal a la cara norte del Cervino.



7. ESTRELLAS Y BORRASCAS, de Gaston Rebuffat.

Estrellas y borrascas es el relato de la ascensión del guía Gaston Rébuffat de las seis caras norte más famosas de los Alpes: la del Dru, la de las Grandes Jorasses, del Eiger, del Cervino, del Piz Badile y de la Cima Grande di Lavaredo.



8. CUANDO LA LUNA CAMBIE, de Juanjo San Sebastián.

En 1986 un grupo de montañeros y amigos se embarcan en una expedición al lejano -y, en aquel tiempo, muy poco explorado Karakorum, en el territorio pakistaní. Desean hacer realidad un sueño: escalar dos altas montañas el Chogolisa y el Broad Peak.



9. LA MONTSAÑA PUEDE CURAR, de Jordi Salvador y Víctor Riverola.

Siempre encontramos testimonios que narran con todo lujo de detalle como la montaña cambia la vida de las personas, como les ha ayudado a nivel psicológico a superar una enfermedad, un trauma, un dolor físico o un daño psíquico que no lograban superar.


10. LOS CONQUISTADORES DE LO INÚTIL, de Lionel Terray.

Conquistadores, como lo llamamos familiarmente, es y será un clásico de la literatura de montaña, tal vez el más vendido y más leído de todos los tiempos; un libro imprescindible para quienes además de subir montañas les gusta soñar con ellas.








10 PELICULAS Y DOCUMENTALES DE MONTAÑA Y AVENTURA PARA LA CUARENTENA

Montañas, ríos, cuevas y paredes verticales, lugares únicos que nos hacen sentir, vivir, olvidar y soñar. Nos ayudan cumplir nuestros sueños y hacer de nuestras aspiraciones una realidad.  Es cuestión de tiempo, pero volveremos a salir y a conectar con lo que tanto amamos, la naturaleza. 

Ahora es tiempo de quedarnos en casa confinados y entre todos y todas superar esta situación excepcional causada por el COVID-19.

A lo largo de la historia se han realizado grandes hazañas en el mundo de la montaña. Podríamos enumerar miles de historias y aventuras, posiblemente cada una igual de increíble y apasionante que la otra. De todas ellas, destacan algunas que han sido registradas y han dejado huella. 

Desde la Asociación Deportiva ADENOW de Caravaca, hacemos una recopilación de algunos documentales, algunos sin duda alguna, de los mejores y más populares documentales de montaña de la historia. De esta manera ayudar un poquito a hacer mas llevaderos estos días en nuestro hogar.


#Yomequedoencasa

¡Espero que os guste!

Un saludo
Alejandro Medina.


1. TOCANDO EL VACÍO.

En 1985 dos amigos montañeros, Joe Simpson y Simon Yates, se encuentran escalando una montaña remota en los Andes cuando, cerca de la cumbre, uno de ellos se rompe una pierna...



2. MESSNER.

Este largometraje es un repaso a la trayectoria profesional de uno de los alpinistas más reconocidos y admirados a nivel internacinal: Reinhold Messner. La primera persona del mundo en escalar los 14 ochomiles sin oxígeno.



3. PURA VIDA. THE RIDGE.

En la cara sur del Annapurna, a 7.400 metros, Iñaki Ochoa de Olza está muriendo. Su compañero de cuerda hace sonar la alarma. Desde el otro lado del mundo, el intento de rescate más grande en la historia del Himalaya se pone en marcha.




4. LA LLAMADA DEL SILENCIO.

Año 1936 en los Alpes. Cuatro alpinistas comienzan a escalar la pared norte del Eiger. Es el segundo intento de ascenso. Aquella expedición se convirtió en uno de los sucesos más trágicos de la historia del alpinismo.



5. NANGA PARBAT.

En 1970, Reinhold Messner, uno de los más grandes alpinistas de la historia, y su hermano Günter coronaron el Nanga Parbat siguiendo una nueva ruta. Durante el descenso Gúnter murió a causa de un alud.


6. HUMLA (La pelicula).

Cuatro kayakistas se enfrentan al Humla Karnali, el río más largo y caudaloso de Nepal y uno de los más impresionantes del mundo. Una navegación de 400km que es mucho más que un descenso extremo: un viaje por una tierra anclada en el pasado, aislada del desarrollo mundial, hostil y a la vez muy acogedora.
Estrenada en el Bilbao Mendi Film Festival 2016 es la segunda obra del director Mikel Sarasola, una nueva aventura, que sigue con el viaje iniciado en la Patagonia con "Caminos de Agua" en otro de los más mágicos rincones del mundo.


7. ''LA CUEVA MAS PELIGROSA DEL MUNDO''.

No te pierdas esta increíble experiencia de ver una de las expediciones a una de las cuevas mas peligrosas y complejas del mundo.



8. Al Filo de lo Imposible - RESISTIR - La Odisea de Ernest Shackleton.

En 1914, el explorador inglés Ernest Shackleton junto con una tripulación de 28 hombres intenta realizar su expedicón transantartica a bordo del "Endurance"...



9. ENTRE BARRANCOS.

Galardonado documental sobre barranquismo que acompaña a cuatro aventureros mientras caminan, vadean, nadan, escalan y descienden barrancos y cascadas.



10. CUEVAS DE MURCIA.

Como también club de espeleología de la Región de Murcia, y puesto que no se ama lo que no se conoce, aquí un pequeño documental sobre la espeleología de nuestra tierra.





Sería el tiempo del que hoy me acuerdo… que tengo tiempo.

Alejandro me ha pedido que escriba una entrada para el blog de Adenow…
que cuente alguna experiencia, dice…
Ahora que tenemos tiempo, dice…
¿Tiempo para qué? digo yo…

Tiempo teníamos antes, cuando no sabíamos lo que era aquello. Cuando nos enfadamos porque nunca llegábamos a tiempo, cuando nos alegrábamos cuando llegábamos a destiempo.
Tiempo era aquello que contábamos como “Se sale cuando estemos todos, se acaba cuando se termine”.
Tiempo era lo que echábamos en almorzar.
Tiempo era lo que nos pasábamos perdiéndolo en alguna cuesta, en aquel repecho, en la otra cala, en aquella cuerda a la que a fuerza de dios queríais colgarme.
Aquello era el tiempo en que una pequeña asociación tan alejada de mi como la luna me acogió sin pedirme otra cosa que tiempo. Tiempo para escalar, tiempo para disfrutar, tiempo para conocer otras personas, otros mundos, otros paisajes.
Un tiempo que empleamos mucho mejor que el tiempo que hoy tanto nos sobra.
Fue el tiempo de las travesías y sus recorridos sin tiempo.

Fue el tiempo de aquella salida nocturna que nunca olvidaré a la luz de la luna roja, ni yo, ni los doscientos que allí estaban y que aún me saludan como “madre mía que porrazo te diste, hija… en lo más llano”. 


Fue el tiempo de las Rutas por las calas del Cabo de Gata, donde nos dio más el sol de lo que anduvimos, de las risas más que de las montañas, de la convivencia más que de las prisas por subir o bajar.








Fue el tiempo de la ruta de Cazorla y su río Borosa, donde descubrimos como un paisaje puede abrirse paso sobre un lago verde donde no se notaba ni la prisa ni el paso del tiempo.
Sería el tiempo en que subí por primera vez, pensando que no bajaba viva,  la cima de Revolcadores con un nevazo como en mucho tiempo.




De todos vosotros he aprendido algo, menos a bajarme de una cuerda.
De todos vosotros me acuerdo hoy... que tengo tiempo…

Será del tiempo del que hoy me acuerdo… que tengo tiempo.


By Gloria ''La Yeni''






Alpinismo en Sierra Nevada. Marzo de 2020

CORREDOR DIAGONAL (PD+, 50º, 210m)
BARRANCO DEL RÍO ALHORÍ, JÉREZ DEL MARQUESADO (GRANADA)
7 DE MARZO DE 2020


Y por fin llega el tan ansiado fin de semana. Después de varias semanas de trabajo y mundanal rutina, de esa que te va succionando la energía y, a veces, hasta las ganas de salir al monte. Pero no, este finde toca sierra, ¡y allá que nos vamos!

Como siempre, Josepa y yo vamos organizando el plan según van pasando los días de la semana y “nos vamos calentando”. En esta ocasión lo teníamos bastante claro desde hacía varios días. Habíamos oído que las condiciones en los corredores del Alhorí estaban inmejorables y decidimos que sería una buena oportunidad volver a repetir el Corredor Diagonal de esta zona tan conocida para nosotros, pues ha sido el destino de la gran mayoría de incursiones montañeras que hemos realizado en los últimos años. Ha sido, sin duda, el lugar donde hemos aprendido aquello -mucho o poco- que humildemente conocemos a día de hoy.

Foto 1: Corredores del circo del Alhorí

Ya habíamos probado con anterioridad y con otro de nuestros compañeros habituales de parrandas montañeras -el bueno de Benito- este corredor, que por ser más técnico que el tan conocido Corredor Central, requiere del uso de cuerdas para hacerlo de forma segura y tranquila. ¡Y vaya que fueron necesarias! 
 
Pero no corramos tanto, empecemos por el principio: como ya decía, decidimos que sería buena idea ir la noche de antes para hacer vivac lo más alto posible en la zona de este barranco del alhorí, en el que tantas noches hemos maldormido tirados en el ingrato suelo. Finalmente, y como cabía esperar, decidimos hacer noche bastante más abajo de la cueva de los Ladrones -nuestro objetivo inicial- y acabamos buscando refugio del fuerte viento a sotavento de uno de los bloques enormes que se encuentran dispersos junto a la puerta del alhorí, entrada natural del homónimo barranco. 



Fotos 2, 3 y 4: Vivac junto a la Puerta del Alhorí
 
Tras la habitual noche a duermevela con la que la montaña siempre nos da la bienvenida después de muchas -demasiadas- noches durmiendo en nuestras confortables lechos allá en la civilización, decidimos ponernos en marcha por el tan bien conocido camino que nos depositaría después de 2 horas en el circo donde confluyen el naciente río Alhorí, abajo hacia el valle y nuestro objetivo, trepando entre espolones, siempre hacia arriba.



 Fotos 5, 6 y 7: Puerta del Alhorí

Una vez almorzados, hidratados, meados y pertrechados, decidimos ponernos manos a la obra y nos dirigimos hacia el cono de deyección donde el corredor acostumbra a vomitar todo aquello que le indigesta la acción del sol y el deshielo: piedras, hielo, nieve… esperemos que nosotros le sentemos hoy de maravilla.

  Foto 8: Entrada al corredor Diagonal

Montamos la primera reunión junto a la cascada de hielo Polvos Mágicos (algún día estaremos preparados para hincarle el diente a este hueso, al menos soñamos con ello cada vez que venimos por aquí) y me enfrasco en el primer largo de este corredor tan bonito. La nieve es de muy buena calidad, a diferencia de la vez anterior que estuvimos, que se convertía en potito para bebés bajo el peso de nuestros pasos, y la progresión es rápida. Meto unos cuantos de nuestros nuevos cacharros para asegurar el largo mientras pienso que puede que hayamos superado de una vez nuestra etapa de montañeros homeless. Monto reunión desde un ventisquero junto a la pared y observo a mi primo como recoge los bártulos de la R1 mientras una cordada que suben en ensamble le adelanta por la derecha. Esta vez, y después de mucha práctica en secano, no tenemos problemas de enredo con nuestras cuerdas y, más rápido que otras veces, el primo tira hacia arriba mientras yo le voy recogiendo cuerda. Una vez juntos, intercambiamos material, nos recolocamos en la reunión y salgo hacia arriba a meterle mano al largo clave de la vía. 



Fotos 9 y 10: R1 en la base de las cascadas de hielo

A todo esto ya me ha adelantado el primero de la cordada que nos seguía, y se le veía suelto al tío -más tarde su compañero me confirmaría que era un exmiembro del GREIM-. Yo le sigo los pasos y me meto por donde él se mete (y probablemente no me hubiera metido de haberme visto yo allí solo), en este caso un resalte de hielo duro como el metal, donde solo se clavan las puntas frontales de los crampones y donde hay que darle bien duro al piolet para que entre lo suficiente como para que tu cabeza diga venga, pa’lante. Coloco un tornillo de hielo en el que confío lo más grande y sigo para arriba dándole machetazos a un cada vez más duro escenario. Cuando salgo de la parte más delicada decido colocar un friend en la pared que ahora se abre allá lejos a mi izquierda y paso un rato entretenido haciendo una travesía de ida y vuelta para colocar el seguro y volver a la senda de mi vertical camino. Aquí el corredor se vuelve a estrechar y se hace súper estético (donde pollas hay una cámara de fotos cuando se la necesita? Una cámara de fotos y un fotógrafo, por supuesto) Decido montar la reunión en el cordino roñoso fabulosamente empotrado en un bloque que recordaba de anteriores visitas a estos lares. En este punto la comunicación entre mi primo y yo es imposible. Él allá abajo y yo, aquí, fusionado con la piedra cual Excalibur que espera a su rey Arturo, inamovible y expectante. Le grito reunión pero él no me oye. Por suerte aparece de repente y cual espectro del anillo, el Segundo de la cordada compañera. Me dice que va sobrecalentado, como un Renault 5 cargado de pasajeros y subiendo el Puerto de la Ragua en invierno, y su presencia a medio camino genera en ese momento una conexión comunicativa entre mi compañero en lontananza y yo. Tras un rato de incertidumbre, mi compañero alcanza el punto en el que me hallo y me cuenta que el famoso friend que tanta angustia me supuso colocar fuera de ruta le produjo una descompensación con las cuerdas que le mantuvo prisionero e incapaz de poder moverse.

 Foto 11: 1er largo desde la R2

Tras ponernos al día con nuestras respectivas mierdas, me pongo en marcha y me ventilo el último y más sencillo de los tres largos. Monto reunión en unos salientes de roca y ahí, tras un rato de dinámica de dar y recoger cuerda, finalmente nos reunimos, nos contamos lo mucho que hemos disfrutado y lo bien y rápido que ha ido todo. Bien sí, le digo, pero rápido, lo que se dice rápido... ¡llevamos cuatro horas metidos en el corredor! Decidimos que es tiempo de recoger cacharros, cuerdas y demases y tiramos raudos hacia la piedra de los Ladrones, lugar de peregrinaje de bocadillos y cigarrillos post-aventura. Tras un corto descanso, nos dirigimos como tantas otras veces por la interminable Loma de Enmedio, que nos depositará, en primera instancia en el refugio del Postero Alto y de ahí a nuestro coche, 20 interminables minutos más abajo.

  Foto 12: 3er largo desde la R4

Hasta aquí el día de aventura en familia, como de costumbre, el cuerpo bien y los pies fatal.

 Foto 13: La suerte del montañero con juanetes

Chema Picón, 2020
Club Adenow, 2020

Alguien dijo...

"Envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena.

Ingmar Bergman